Líneas para reflexionar, filosofar y...crear
La mente no se detiene, y eso significa que hay un alma cuestionándose...
Mientras haya vida, tendrás tu mente para recorrerla. Sólo hay que saber capturar las ideas que tu cerebro te quiere mostrar.
Te invito a desplegar alguna de estas frases y encontrarás un texto que te muestra una mirada de las muchas que se pueden generar frente a una temática humana.
La coherencia es el camino hacia la libertad
Una utopía necesaria para poder lograr la independencia de los padres, es la obtención de la libertad. Desde pequeños decimos “quiero ser libre”. Esto significa lograr ser autónomos para la toma de decisiones en nuestra vida y, además, sentir seguridad de dicha decisión. No es que no podamos dudar, arrepentirnos, o simplemente saber que elegimos mal. Pero sí saber que lo hicimos con total libertad, sin coacciones; y así como entraste, puedes salir.
Ser libre eso sí, lleva responsabilidad. Eso significa “hacernos cargo”. ¿De qué? De la decisión. Por lo cual, nadie más que yo, podrá corregir, mejorar o sacarme de esa decisión. Si no es así. Recuerda, no está mal ni bien; sólo debemos entender que no fuimos o no estamos siendo tan libres en ese proceso. Esto no es para desanimarnos. Todos hemos tenido que aprender eso de la “no libertad” y agobia a ratos, cuando ya sentimos que podemos hacerlo solos. Por ejemplo, cuando estamos en la infancia, queremos o no nos molesta que nos tomen la mano para cruzar la calle, porque nos gusta que alguien más cuide de nuestra integridad física, pues no seríamos capaces de advertir todos los peligros como lo hace un adulto, en tan poco tiempo y con tanta eficiencia. Sin embargo, al crecer ya en la adolescencia, empieza a molestar la mano, sobre todo, porque no sólo nos damos cuenta que podemos cruzar solos, sino que, además, lo hacemos en el momento que queremos, y podemos incluso hacerlo hasta mejor. Entonces, aparece este sujeto con “necesidad de libertad”, ya que empieza a verse, conocerse y valorarse en distintas características.
No somos libres en todo. Esa es la realidad. Pero mientras más avanzamos en el ciclo vital, y reflexionamos acerca de nuestras acciones y decisiones, vamos requiriendo que este “libre albedrío” sea cierto al menos, en un gran porcentaje de nuestro tiempo. De ese modo, sentimos el control de nuestra vida. No se lo cedemos a alguien u otros más (dependiendo del caso).
La pregunta es, ¿cómo puedo tomar el control de mi vida? Uno puede pensar: “con más recursos”, “con más poder”, “con status”, “con un rol más grande”, “con más estudios”, “con una conducta más imponente” …hay muchas respuestas. Lo cierto es que se gana libertad y control, con COHERENCIA. Ella es la prioridad cuando se trata de la real libertad. Ninguna de las otras respuestas es correcta, aunque podrían ser válidas, pues pueden ayudar a lograr objetivos, mas corresponden a cadenas y requisitos que algunos se han impuesto para “ser libres”. No generan la libertad per se. Y hasta podríamos sin saberlo, convertirnos en esclavos de dichos requisitos. Y vivir nuestra vida para conseguirlos.
La coherencia corresponde a la concatenación lógica de eventos con principios ya establecidos. Cuando se dice que una persona es coherente, significa que actúa de manera lógica y congruente, con su discurso. Uno que ha establecido para su vida, sea llamada creencia, idea, conocimiento, principio, valor. Esta coherencia significa que cuando tomo una decisión o elijo algo para mi vida, lo hago con sincronía mental entre lo que pienso y siento[1]. ¿Cómo puedo llegar a ese nivel de coherencia? Pues sabiendo lo que se piensa y siente. Actuando con sinceridad en cada paso del camino; o al menos, en los pasos que importan más o afectan muchas variables, o son situaciones de mayor peso relativo (que “me afectan más”).
Vamos a unir la libertad con la coherencia. Libertad es sin cadenas o ataduras de distinta índole (económicas, relacionales, situacionales, vinculares afectivas, etc.). Y sin coacción (que no haya alguien de alguna manera presionando para la elección de un camino). Pero todo eso implica necesariamente hacernos responsables (libertad entonces, implica responsabilidad). Si Marta debe tomar la decisión en cuanto a una carrera a estudiar, por ejemplo, y todos opinan acerca de ello (dejemos de lado la intención de cada quien), y Marta elige lo que opinaron otros, sin conectarse con su necesidad e interés, entonces Marta no fue libre en esa decisión de elección vocacional. ¿Por qué? Seguramente, porque no sabía acerca de lo que quería, no investigó, no estaba motivada, y confió en otros para ello. Vuelvo a decir, que no es malo ni bueno, sólo Marta debe saber que no fue libre. Si Marta quería estudiar una carrera distinta a la que le dijeron, tampoco fue libre, pues no se ejecutó su decisión que había pensado y sentido que era la mejor. Si cambió de opinión, es libre siempre y cuando, haya comprendido que fue porque conectó con su necesidad vocacional.
En este ejemplo es posible entender que, para lograr coherencia, necesito información acerca de las necesidades, motivaciones, intereses, debilidades, virtudes, entre otras cualidades, que poseo como persona individual y única. Ese conocimiento permite actuar en sincronía con la acción, y eso me da la libertad para ejecutarla sin problemas y sin culpas que cargar. Pues lo que hago es de “verdad”.
Veamos otro ejemplo, Martín tiene un problema de ansiedad para poder subir a la locomoción, y necesita que lo lleve su padre al curso de piano que tomó en el centro de su ciudad. Pide ayuda, pues él sabe y es consciente de su problema. ¿Es libre, es coherente? Martín toma la decisión de pedir ayuda en total libertad, pues sabe sus necesidades. Actúa coherente. Sin embargo, conoce sus debilidades y sabe que no es libre a nivel de movilización, pues es preso de su ansiedad (la cual podría trabajar o no, eso ya es otro tema).
Con esto quiero recalcar que no somos libres en todo. Sin embargo, el hecho de conocernos y actuar en consonancia con ello, nos da la libertad para ser quienes somos, que es la madre de las libertades, que nos permite no cargar pesos adicionales a los que ya propiamente lleva cada ser humano en este tránsito por la vida con otros y consigo mismo. Al saber nuestros límites y capacidades, actuaremos de acuerdo a ello, fortaleciéndonos ante el mundo.
El autoconocimiento es la pieza fundamental para actuar de acuerdo a lo que somos. La discordancia en aquello, lleva a falsedad o mentira. Esta es la incoherencia, que termina siendo una carga o peso que también se muestra en nuestro cuerpo físico. No se miente o se es falso necesariamente de manera consciente. Por ejemplo, a Joaquín no le gustan los chalecos que teje su abuela porque le aprietan las mangas. Todos los años, la abuela le teje el chaleco de invierno, y Joaquín no le dice nada, pues teme "herir sus sentimientos”. Esta frase es un aprendizaje social. No objetivamente el mejor consejo que se le puede dar a Joaquín a decir. Lamentablemente, Joaquín no dirá lo que piensa, y tendrá dos opciones: ponerse el chaleco que no le calza; o, no usarlo nunca, y tener que dar explicaciones por ello. En cualquiera de los casos, Joaquín es preso de su falsedad voluntaria o no, muestra incoherencia con su pensar y sentir. Esto lo cargará mientras se recuerde esa acción, pues actúa como cadenas que apresan.
¿Qué harías en el caso de Joaquín? ¿Podrías ser coherente sin herir a otros?
Otro aspecto importante a considerar en este caso trivial, pero que, de acuerdo a la historia de cada persona, hay muchas similares de mayor peso; es indagar en las motivaciones para producir esta incoherencia, o por qué no dice lo que le pasa. Es decir, hay un estado de homeostasis que no quiere perder, o de manera más sencilla, se siente cómodo sin decir lo que piensa y siente, y prefiere callar y fingir. Esto en el mediano y largo plazo, le enseña al cerebro patrones de comportamiento que cuadran con su bienestar o lo que Joaquín cree que debe hacer para “aliviar su molestia”. Sin embargo, la biología y la psique humana (no la creencia que lleva Joaquín), percibe el malestar real que este sujeto siente, y va a cobrarlo de alguna manera, y se mostrará en algún momento. Por eso es tan relevante para alguien que busca ser libre, ser coherente.
A veces la incoherencia nace por evitaciones inducidas por debilidad: de herir, de ser herido, de ser aislado, de humillar, de ser malo, de ser demasiado bueno, o no soportar lo que venga, de no tener apoyo, de no tener amistades, de romper una relación que no quiero, miedos en general…etc. Es muy larga la lista de explicaciones totalmente válidas, pero que encadenan nuestro actuar y nos carga en mayor o menor medida, nuestra vida y merman nuestra esencia.
La incoherencia traducida toscamente en el concepto de mentira[2] que se esconde bajo la cadena y la falta de libertad, siempre a nivel biológico, tendrá un peso, una carga física. Esto ocurre porque implica un gasto energético que se debe hacer para mantenerla, lo sepamos o no. Está impreso en nuestro actuar y se convierte en un dolor de espalda, una contracción de cuello, un dolor de cabeza, o en diversa sintomatología que, si no le prestamos atención, se cobra como un patrón que cuesta soltar. Es como una deformación que el cuerpo hace para poder soportar esta situación que no cuadra.
[1]
Separación válida
entre pensar y sentir. Aunque ambos procesos son mentales, y se encuentran al
unísono en muchos momentos decisivos de la vida, es posible decidir de acuerdo
a lo que “racionalmente es bueno para mí”, y de acuerdo a lo “que quiero para
mí, como experiencia emocional”, respectivamente al orden en que salen en el
texto. En la coherencia, ambos estados deberían estar sincronizados, cuando se
tiene total claridad de los hechos y consecuencias.
[2]
Mentira hacia nosotros o hacia otros, no importa, pues siempre la carga de
incoherencia está inmersa en este proceso. Recalco, de manera consciente o
inconsciente, con dolo o sin él. Eso no es relevante, ni el juicio detrás. Importa
la comprensión del evento y sus motivaciones.
Aceptar para obtener el cambio que necesitamos
Hay veces en la vida en que nos encontramos bajo circunstancias en las que no queremos estar: nos sentimos mal emocional y mentalmente, y hasta el cuerpo físico se ve alterado. Hay muchos problemas que nos aquejan y que no encontramos una fácil solución. Para poder salir de esa condición de inestabilidad, es importante dar un primer paso, y ese es el de la aceptación.
¿Qué vamos a aceptar? Que las circunstancias en las que nos encontramos son responsabilidad de nuestras ejecuciones o decisiones en la vida. En la decisión está un camino olvidado (o más de uno) y un camino escogido. No hay culpables, mas sí un responsable: uno mismo. Aunque a veces digamos "es que si tú...", "es que si él/ella...". Una/o es la/el que tomó decisiones para que ese tú, él o ella, tuvieran injerencia en nuestra vida y en nuestras decisiones.
Si bien es cierto, los ambientes en los cuales estamos insertos, no se cambian de un día para otro; y claramente, hay algunos que jamás podremos cambiar, el hecho de aceptar nuestra responsabilidad nos otorga el poder y la fuerza para mejorarlos. Y aceptar sin resignarse, sino que recibiendo voluntariamente algo, sin oposición ni desde los prejuicios. De esa manera, es posible que comprendamos, que cada uno de los pasos que damos están conjugados de manera tal de aprender de ellos y se manifiestan por algún motivo (de ahí la importancia de aceptarlos o acogerlos).
Esto es bueno, ¡es realmente optimista! El saber que no hay otro a quien culpar o responsabilizar nos da la posibilidad y libertad (como siempre la hemos tenido) de cambiar o modificar esa condición. A pesar de lo bueno de este panorama, el ser humano se empeña en creer que "algo más" le impide cumplir sus metas. Entonces, es bueno preguntarse por qué. Puede ser que aún no sepas qué pieza cambiar o mover para poder mejorar una condición; o puede ser que el cambio te asuste, pues a pesar de que lo ansías, implica muchos riesgos o esfuerzo; entre otras causas que sólo están en uno.
El yoga está ahí para ayudarnos; ya que trabaja "suprimiendo (nirodhah) las fluctuaciones (vrtti) de la consciencia (chitta)". Es decir, como nuestra mente no para de trabajar, no quiere ser controlada, y muchas veces, esto nos juega en contra. Es necesario enfocarla suavemente, casi sin que ella se de cuenta del proceso. Estos vrtti, son los que no nos permiten avanzar y hacen buscar soluciones en otras cosas o personas que no conocen nuestra realidad ni nuestros intereses y necesidades.
El maestro BKS Iyengar, analoga la mente a un río sin control, que pierde sus aguas sin producción; a diferencia de si lo encauzamos hacia un fin, en el caso tal que obtendríamos múltiples beneficios de ella. Pues bien, el yoga nos facilita encontrar la tan ansiada respuesta a nuestras interrogantes, ya que simplemente aceptando nuestra realidad, y teniendo ganas de cambiar o mejorar alguna condición, la práctica (abhyasa) te llevará naturalmente a algo mejor en tu vida, logrando la calma mental necesaria para decidir.
Natalia
Hablando de los contratos o pactos familiares...
Un contrato es un acuerdo o compromiso entre dos partes, en las cuales se ofrece algo de uno a cambio de un beneficio. En una familia, ese pacto comienza desde antes de nacer. Se trata de que la familia acoge al nuevo ser, con tal de mantener su linaje, tradiciones, apellido, costumbres, oficios o profesiones quizás…entre otras cláusulas que dependen de la familia en cuestión. Pero siempre habrá algo que pedir. Es algo que se entiende, es para poder nacer protegido al llegar a este mundo. Por eso el individuo nuevo, lo acepta. Obtienes muchos beneficios: mantienes lo que te piden; y obtienes sobrevivencia y protección.
Cuando la familia es muy exigente y lo que solicita al nuevo integrante, va en contra de lo que este ser humano es y siente, entonces los contratos se pueden romper. Lo ideal es que la familia no excluya a ese integrante de la protección. Si lo hace, este miembro quedará a la deriva. Es probable que haya sido un “síntoma” y motivo de conflicto familiar reiteradamente. Este miembro se reconoce que va en contra de “la corriente”, o de la homeostasis familiar, pues no sigue o no siguió lo que estaba establecido.
¿Qué le ocurrió a este nuevo integrante? ¿está en un error? ¿está actuando mal? Lo bien y mal no caben en esta reflexión. Lo que ocurre es que “nacemos solos y morimos solos”, tiene un sentido muy profundo. En este sistema, la familia puede ser un apoyo para sobrevivir y darle vida al mismo sistema. Pero no es algo que permita que tu esencia se exprese (alma o como se quiera nombrar a lo que te hace único), como algo colectivo. Esa es la verdad que surge en algunas personas. Insisto, no es bien ni mal: solo que deja fluir algo que es PROPIO. Y eso muchas veces, afecta al clan familiar. Lo afecta porque se convierte en un pez de color diferente.
El proceso de diferenciación que empieza en la adolescencia (de ahí que sea un periodo complejo), es el que muestra estas diferencias. La familia frena e interfiere con el proceso para que no se escape demasiado del árbol principal. Pero hay algo muy sistémico en este arranque, pues si se toma de buena manera, ocurre un nuevo ajuste. Incluso para permitir que muchos integrantes de la familia sean libres y plenos. Sin embargo, otras veces, puede generar lo contrario. Que en bloque se opongan a la fuerza ÚNICA que tiene este individuo.
Cuando no quedan opciones para ese miembro, que no causen dolor, el alejamiento es una posibilidad (llámese exilio, aislamiento, y otras opciones más drásticas…es lograr separarse). Lo mejor sería cortar cadenas, liberar del contrato a ese miembro en particular, y solo que se desarrolle un amor real, que es cuando las personas se reconocen en su esencia. El individuo que ha sido el síntoma en estos casos, es realmente quien ha sido capaz de mirarse, entenderse y reconocerse internamente. No confundir con los que viven alimentando lo externo a ellos, y pueden generar síntomas destructivos en la familia.
Se puede lograr una reestructuración en el grupo familiar, pero cuando todos trabajan en conocer su esencia…y nunca ésta, es relacionada al sistema. La esencia no está afuera, solo se aprecia hacia adentro…
Natalia
¿Es real la relación cuerpo físico y mente, con las llamadas enfermedades?
Es increíble que, a pesar de tantos años de medicina, ciencia y estudio del ser humano y aún no sea posible instaurar como conocimiento que el cuerpo y la mente (cerebro + psique o alma) están completamente unidos: ¡son uno!. Es cierto que para estudiarlos, la ciencia necesita separar los componentes de un todo. Pero funcionan integrados.
El mecanismo funciona más o menos así: psique (única e irrepetible) se comunica con el cerebro y éste ejecuta respuestas fisiológicas para que el cuerpo actúe a través de los órganos: y esto se refleja en la conducta. El cuerpo no es una máquina, la verdad no me parece correcto expresar esa idea, porque la psique no es parte de un robot. Y es crucial para saber quién se es, y por qué afecta lo que afecta.
Hay muchas personas (de distintas disciplinas) en el
mundo actual, que insisten en separar el cuerpo y las enfermedades que surgen en
él- de la mente; o las explican solo a partir de estados emocionales. Todo eso no ayuda a disminuir los síntomas. Se tienen muchos conocimientos errados y se repiten como discursos sin fundamento. Una manía, una depresión, un estado de distracción, un enuresis en un niño o un adulto, un desmayo, entre otros, todo tiene un correlato a nivel cerebral y orgánico. El cuerpo ha respondido para sacar de la mejor manera a una persona, de una situación compleja.
Nuestra mente, a través del sistema nervioso y las sustancias concretas que ahí se producen por un pensamiento o una conducta, dirigen el cuerpo físico a un sitio, que quizás tú no percibes inmediatamente. Al pensar, secretas o produces neurotransmisores, sustancias que permiten la comunicación entre las neuronas; y en ese evento, es innegable la participación de algo “etéreo” como la mente humana- con algo físico concreto como la producción de una sustancia química.
Cuando te haces consciente de un malestar físico, sólo piensa que lo que generó esa condición no tiene que ver con un origen externo (si lo tomaste del ambiente, por ejemplo, si es un tóxico), sino que tiene que ver con un estado tuyo interno que te predispone. Toda respuesta biológica corporal, tiene un origen biológico corporal, incluso un cáncer. Está en nuestra programación genética, en nuestro ADN ser vivo-humano. Las enfermedades surgen porque está el organismo recuperando al cuerpo de un problema que tuvo. En el problema mismo y en la recuperación, se presentan respuestas, que son las visibles como conductas/comportamientos determinados.
Cuando se logra interpretar y conocer cómo funciona el cuerpo y porqué lo hace, se maravilla de la complejidad de la hermosa existencia y el funcionamiento de la vida en esta matriz planetaria.
Natalia
¿Cómo lo que llamo "armaduras identitarias" blinda tu vulnerabilidad, nublando tu esencia?
La Vida actual está creada a través del consumo. Y esto no tiene una connotación negativa, pues es el modo de sobrevivir, y nuestras células hacen exactamente lo mismo: tomar del ambiente lo que necesitan y usarlo; por lo tanto, consumen. Sin embargo, el consumo celular tiene un objetivo claro y eficiente. No acumula energía, pero sí sustratos para poder generarla. Si la célula acumula mucho; o, no tiene recursos, se enferma, por lo tanto en un sujeto sano, las células están en equilibrio con sus recursos.
Ante este panorama de consumo, ¿cómo es que el individuo se ha relacionado con ello, y cómo afecta el desarrollo de su identidad y el encuentro con el sí mismo?
En el mundo social, ya en vista macroscópica, el ser humano ha forjado la identidad a partir de lo que posee, de lo que tiene alrededor. El éxito, para la mayoría, es eso justamente, tener más. Por consecuencia, no se quiere, o no se puede mostrar las pérdidas. Esto debilita lo que eres, lo minimiza. Cabe señalar que no es algo que sólo se dirija hacia los bienes materiales, sino que tiene que ver con todo lo que rodea al sujeto: cosas, títulos académicos o estudios, familia o miembros de ésta, apellido, entre otros adornos, que hoy se transan en el mercado por igual. Hay que mostrar, o demostrar, que se es un sujeto de éxito, ese que no pierde. Y todas las ganancias, que va adquiriendo, le van permitiendo una presentación hacia el mundo más deseable por el resto, de una manera más segura ante el entorno socio-familiar.
Esto es demostrado a un niño en desarrollo por su mismo entorno: padres, y familia extensa. El adulto lo confirma en su inserción al mundo social y económico. Cuando una persona cualquiera se da cuenta de esto, de manera consciente o no, sufre. Pues de algún modo, no tiene todo lo que la sociedad valora, y quizás ha pensado que no es lo que quiere incluso. Somos tan diferentes los seres humanos se dice, pero a la hora de tener que seguir un camino, parece que estamos muy limitados por lo que la "carta" social determinó, no ahora; sino que hace mucho tiempo.
El sujeto está perdido y sumido en todo este conjunto de
elementos que lo protegen del entorno, y que actúan como una armadura identitaria. Una armadura que
cubre lo frágil de su ser, y de su existencia. En el fondo, el ser humano, se
sume en esta cubierta, para evitar ser destruido, ya que su inconsciente asume su
debilidad, aunque el sujeto lo desconozca. Y blinda su esencia, a veces, cubriéndola completamente.
Se habla de que los “tiempos actuales” modifican al ser humano. Se culpa al contexto, al ambiente, de lo que le pasa al ser humano. Pero no es así, las armaduras identitarias, han ido mutando a través del tiempo. Ha sido una evolución de las armaduras. Ahora son las cosas, antes los títulos, antes la casa, antes los valores impuestos, antes la familia. Siempre debe haber algo que cubre. Y también están los vínculos, que actúan como protectores también. No todos estos elementos evitan el autoconocimiento. Eso depende del sujeto y su capacidad de reflexión y de querer conectarse con su esencia. Pero lo que pasa frecuentemente y cada vez más por la cantidad de estímulos externos, es que pueden llegar fácilmente a confundir las mentes y dejarlas sumidas en una desconexión con el sí mismo: ya no se encuentra consigo porque es doloroso.
Cada armadura, evita que el ser humano se contacte con lo que verdaderamente es y siente. Inevitablemente es así, por mucho esfuerzo que pongamos en negarlo. Esto debido a que son producto de un aprendizaje histórico en el cual desde el momento de nacer, hemos blindado nuestro ser, tal como nos vestimos y arropamos, sin efectivamente saber si tendremos la capacidad de generar el calor suficiente para sobrevivir. Es así como hemos aprendido a ver, qué armaduras son mejores para la sociedad en la que vivimos. Por lo tanto, muchas veces no fue un contexto de necesidad situacional el que hizo que se pensara en la protección; sino que fue y es la sociedad misma, en esta matriz que vivimos, la que indica qué protección tener.
Si se piensa así, que el ser humano está cubierto de todo lo que lo protege, y no llega a conocerse si no se desprende de ellas, produce una suerte de vulnerabilidad extrema; se queda sin algo que lo sostenga. ¿Qué somos sin el refugio que adquirimos? ¿Qué tan vulnerable soy sin el trabajo que me ha dado el rol en la sociedad? ¿Qué pasa si pierdo todo el dinero que he guardado? Cuando el sujeto pierde lo que lo sustenta, voluntaria o involuntariamente, quedará vulnerable, como ese bebé que se le quita su abrigo y protección. Sin embargo, es un camino por el cual vas sabiendo realmente quién eres. Pues no somos el rol que tomamos en la sociedad, no somos la marca de la ropa usada, no somos la cuenta bancaria, ni los bienes adquiridos: somos seres humanos que vivimos en este espacio, pero poco sabemos de él y de nuestra historia real, y nuestro potencial real.
Desprenderse de las armaduras, es el único modo en el cual se encuentra al sujeto real. Lo real, me refiero no a lo reduccionista. Bien sé que es real la armadura misma. Sin embargo, lo real no puede ser lo que dicta la masa, el grupo, o la sociedad. Eso tergiversa el encuentro con el sí mismo, que es un constructo, y por eso frágil, por eso difícil de encontrar. No nos desprenderemos de todas las armaduras, eso no pasará, no seríamos capaces de soportar tanta verdad en el mundo actual. Pero sí podemos ir trabajando algunas de ellas. Soltando las que nos dañan y no permiten que el individuo se sienta pleno, porque la vida es la oportunidad de SER realmente.
¿Cómo puedo llegar al ser mismo, a la esencia entonces? Un modo útil para conocernos y no perder del todo las armaduras que aún revelan nuestras debilidades, es visualizar a través de las armaduras que vamos escogiendo, el motivo por el cual las necesitamos y trabajar desde ahí la fortaleza asociada. Pongamos un ejemplo real y claro: si se siente vulnerable al caminar en soledad por la calle de noche, pues el miedo por muchas eventualidades se presenta y no se tiene la capacidad física o instrumental para afrontar aquello, entonces, se blinda con un vehículo, o se pone la armadura de "no salir de noche". No está en juicio la adquisición de las armaduras (en este caso es evidente la necesidad) sino que el desencuentro con el sí mismo, ante esa elección. El no poder ver y sentir, el porqué de las elecciones. En este caso, es una necesidad real, dado por el contexto. Pero ¿cuál es el punto relevante? Es saber cuáles son nuestras necesidades reales, de las impuestas por la sociedad y el mundo actual; y el por qué. Cabe preguntarse entonces ¿de qué nos blindamos, ante qué nos sentimos débiles y/o vulnerables?
Sin esta armadura, no podríamos estar, subsistir en el mundo. Pues la armadura visibiliza la existencia. Lo que queda sin esta armadura, es la propia esencia. No se tiene nada bajo esa condición, excepto a sí mismo. Y la consciencia de encontrarse con esto: lo que somos. Aunque eso sea algo utópico. Lo cierto es que sería imposible estar completamente libres de esta armadura, pues es ella la que aporta también en la consciencia. Sin embargo, es posible que el ser humano, elija deprenderse de unas cuantas, que les cargan la existencia. Por eso: Libertad es una capacidad que la ejerce el sujeto que conoce sus ataduras.
Natalia

